
El periodismo digital es una herramienta que, basada en el periodismo clásico (por así llamarlo), procura romper con la frecuencia de publicación, con la comunicación en un solo sentido y con la “pureza” del medio que lo soporta. Rompe con la frecuencia de publicación, pues gracias a sus capacidades tecnológicas tiene la capacidad de actualizarse con mayor velocidad que la prensa escrita -asumiendo de esta forma características de la radio o la televisión, que en efecto pueden informar en vivo-. Romper con la comunicación unilateral pues, como cualquiera puede observar en el diario en línea de su preferencia, permite que los usuarios puedan responder mensajes a través de e-mails, chats, foros, etc. También, rompe con la “pureza” del medio que lo soporta puesto que no sólo podemos leer periodismo digital; también se lo puede ver y oír, como si se tratara de un periódico audiovisual adecuado a las especificaciones de la red que lo contiene.
No obstante, por estos mismos motivos, la necesidad de un mayor cuidado y una mayor limpieza a la hora de editar periodismo digital se vuelve urgente. Y es que al manejar un medio que en segundos puede ser recibido por millones de personas, uno no puede darse el lujo de emitir un discurso con información errónea o inmoral. La necesidad de actualizar constantemente un diario en línea traerá como consecuencia un cuidado editorial, e incluso ortográfico, menos atendido. Por otro lado, tener un canal abierto a las respuestas de todo el mundo producirá la necesidad de estar al corriente de cada una de esas respuestas, lo que significa que no solo bastará con concentrarse en informar; también será importantísimo atender a las respuestas de los usuarios; y no es fácil atender al cliente.
En definitiva, creo que el periodismo digital es completamente útil y facilita la llegada de la información a cada vez más rincones del mundo. Creo que poco a poco se va clarificando cuáles son las formas más eficientes para transmitir un mensaje a través de éste nuevo medio. Y, siempre quedará lugar para el “periodismo clásico” sobre todo para crónicas, reportajes, documentales periodísticos, notas editoriales, etc.