
Cuando vivía en General Borgoño, a la altura de la cuadra 4 de Pardo; cuando mis viejos seguían juntos, cuando la Alemania Socialista aún no caía; cuando la estatización de la banca era motivo para no volver a votar por un presidente, existía una librería y un supermercado aledaños entre sí a una cuadra de mi casa. El supermercado se llamaba Todos y la librería Época.
Recuerdo haber sido un chibolo bien tranquilo. Sin embargo, era usual que cada ida a hacer las compras fuese motivo para jodidamente hacerle la petición del caso a mi mamá: “Oye, ¿y mi libro?”. Es difícil olvidarme de esta historia porque, con seguridad, mi madre me la cuenta una vez al mes o por lo menos hace alguna clase de referencia a ella. Obvio que, tratándome yo de hijo único, historias de muchos otros niños no va a querer contar…. no, no en primer lugar.
Todos era bravazo; tenía una rampa gigantesca y curva para bajar los carritos de supermercado (¿no tienen un nombre más corto?) y las sillas de ruedas. Por alguna razón, me pasaba de vueltas darme vueltas -valga la redundancia- por aquel plano inclinado curvilíneo. Su sección de libros era mostra también; de hecho, mi vasta biblioteca infantil se debe en buena parte a dicha sección. No tengo idea de hace cuántos años que de Todos solo queda la peluquería de su otro local (el de Corpac) y son los mismos peluqueros: me consta. Seguramente, hace más de 15 años cerró y buena parte de mi infancia se quedó allí.
Época era el otro bastión literario de mi niñez. Si no encontraba El Libro Elegido en Todos, la próxima parada obligada era esta librería que de chico me parecía gigantesca y, en la cual, de haber vivido un terremoto ahí dentro, seguro hubiese muerto aplastado entre libros y diccionarios. No está de más mencionar que mi vasta biblioteca infantil se debe en otra buena parte a esta librería.
Con la aparición del nuevo formato de liberías, primero al estilo Íbero o La Casa Verde, luego la monstruosa Crisol (no por fea, si no por gigantesca) y ahora Kasa Tomada, Época fue perdiendo terreno y fue haciéndose una librería poco atractiva, tanto la de Pardo como la del Óvalo Gutierrez. Con seguridad, algo relacionado con la administración falló, pues no soportó los embistes de una nueva forma de hacer librerías.
El sábado que fui a comprar el regalo para mi mamá por el día de la madre pasé por Pardo y el viejo local de Época estaba vacío, con un gigante cartel amarillo que decía “Se Alquila”, con afiches y papeles tirados en el suelo. No dejé de caminar, caminé más rápido. Es que fue inesperado: ¡Época siempre había estado ahí durante 25 años! Seguí caminando un ratito más por el retornado gris de Miraflores, chapé mi combi y me fui a mi casa.
¿Cuánto más durará la otro Época, la del Ovalo? ¿ Ningún feelin’ puede detener el poder del dinero y de éxito comercial que tanto se valora en estos días? ¿Tiene que ser todo tan frío: si no rindes te vas? Esto me hace pensar en Esparta cuando un niño nacía “deficiente” simplemente se le daba forata y se le tiraba de un monte; y creo que esta sociedad no está tan lejos de eso.
Mayo 12, 2008 a las 10:56 pm
me ha dado nostalgia leer que Epoca cerró. yo tambien recuerdo esa librería, he ido a ella con tu mamá de jovenes (y a la del ovalo Gutierrez) y pasábamos horas escogiendo libros,,, en Epoca te compramos una vez un libro y estaba fallado, así que lo fuimos a cambiar,,,(mira además eras el unico niño del grupo así que las historias las cuenta su mamá y las tías, soplatelas todas )
Creo que las dos éramos de los raros especímenes que no se robaron un libro en una librería ( porque antes hacerlo no era tan complicado pues no existian esas alarmas) Tenía una amiga que se robaba vox horrisona porque se los regalaba a sus amigos. Decía que pagar por ese libro no le parecía ético.
Mayo 12, 2008 a las 11:00 pm
me ha dado nostalgia leer que Epoca cerró. yo también recuerdo esa librería, he ido a ella con tu mamá de jóvenes (y a la del ovalo Gutierrez) y pasábamos horas escogiendo libros,,, en Epoca te compramos una vez un libro y estaba fallado, así que lo fuimos a cambiar,,,(mira además eras el único niño del grupo así que las historias las cuenta tu mamá y las tías, sóplatelas todas )
Creo que las dos éramos de los raros especímenes que no se robaron un libro en una librería ( porque antes hacerlo no era tan complicado pues no existían esas alarmas) Tenía una amiga que se robaba vox horrisona porque se los regalaba a sus amigos. Decía que pagar por ese libro no le parecía ético.
Mayo 23, 2008 a las 11:40 pm
La libreria ke esta al frente del cafe Z es paja tb.. no recuerdeo el nombre
y la ke kedaba en diagonal, en un sótano era mítica. Tenian miles de mangas eroticos y libros caletaaaazas…
Esos supermercados ochenteros son un recuerdo de mi infancia… TODOS, Oeshle, Scala, mmm… Sears no recuerdo los otros
Junio 1, 2008 a las 1:05 pm
Sí pues, en el centro de Lima hay una librería como la de la historia interminable.
O_O
Junio 24, 2008 a las 9:58 am
La mayoría de nuestros recuerdos de la infancia están relacionados a productos comerciales: Supermercados, golosinas, programas de tv, y todos ellos tienen un objetivo comercial…vender. Cuando dejan de vender desaparecen. Y así desaparecerán el cine Pacífico, el Haití, y la iglesia de Miraflores (cuando caiga la Iglesia Católica de aca a unas decenas de años), todo tiene q reinventarse a causa del llamado progreso. No se si es bueno o malo simplemente es así :S